domingo, 11 de mayo de 2014

HEMOS PASADO EL ECUADOR

Mi querida hija.
Ya ha transcurrido la mitad del tiempo de tu voluntariado y me parece mentira que ya lleves tres meses largos fuera de casa, de Fuengirola, de Málaga, de Andalucía y de España.
Aquí todo sigue igual: los políticos siguen consintiendo la corrupción cuando no son ellos mismos los corruptos; la gente sigue soportando una crisis que no ha provocado pero que le toca pagar porque los culpables de este desaguisado están tan ricamente ganando más y más dinero; hay un ambiente de crispación que hace que cualquiera la emprenda a gritos por cosas que hasta hace un par de años nos hubieran causado risa; en resumen: la vida sigue igual, como decía la canción de Julio Iglesias.
Yo no sé qué futuro puedes encontrar a tu vuelta, no sé si podrás quedarte aquí o tendrás que sumarte a la multitud de jóvens "aventureros" que gustan de salir fuera del país a buscar trabajo, como si aquí no lo hubiera a montones y por todas partes, pero tengo claro, conociéndote, que seguirás peleando por trabajar en lo que es tu vocación.
Es curioso que me haya tropezado con un libro en el que se habla de un colegio para niños pobres de la congregación de los Angles Custodios, y en el que se explica como las monjas acogían, después de la guerra, a hijas de republicanos que estaban en la cárcel y cuyas familias carecían de recursos, para trasladarlas a este colegio donde a las pequeñas se las educaba, pero a las que tenían más de doce a catorce años se las obligaba a trabajar lavando las ropas de un famoso restaurante de Bilbao o trabajando en casas de buenas familias de la zona, sin pagarles un céntimo y sin dedicar ni un solo momento a su formación y a su educación. Me resultó tan increíble que busqué más información y ahora sé que la historia era cierta y que, lamentablemente, parece que no es tan raro esto de aprovecharse de las coyunturas para sacar algún partido económico.
En fin, estoy segura de que la experiencia te habrá valido mucho para el futuro, ya ves, te ha permitido estar ahí, en Bali, trabajando, aprendiendo, haciendo amistades con personas muy diferentes, creciendo a todos los niveles como persona, como ser humano, un ser humano estupendo como tú eres.
Estoy deseando de que vuelvas, pero al mismo tiempo siento que tengas que volver a un país en el que no hay perspectivas de trabajo y menos en asunto sociales, pese a ser un momento en que la atención a las personas necesitadas es realmente acuciante.
Cuídate mucho. Disfruta el tiempo que te queda, sigue aprendiendo. Y, por supuesto, Sé FELIZ, MUY, MUY FELIZ.
Te quiero siempre.

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